19 abr 2013

IMPERFECTOS Y SUFICIENTES


Hay personas a los que la vida parece sonreirles. Lucen una buena disposición, hacen frente a las vicisitudes con resolución y se rodean de gentes que les valoran. En el otro extremo, hay otras personas que parecieran siempre estar incómodos, como que algo les falta, tienen dificultades y la gente que les rodea son también fuente de queja y malestar.
La investigadora y trabajadora social americana Brené Brown realizó un exhaustivo estudio con familias, para ver cual era el ingrediente que hacía que a algunas personas, la vida pareciera sonreirles y  tuvieran una fuerte sensación de valía personal  y las que luchan por conseguirlas. La variable principal que encontró marcaba una importante diferencia. Ésta fue que las personas  a las que la vida trata bien, tienen  una buena autoestima, es decir que sienten amor hacia sí mismos y aceptación por parte de los demás. Y lo más llamativo, es que estas personas    simplemente creen que son dignas de experimentar este amor y esta aceptación, por que sí, siendo tal cual son. Así de sencillo, creen que se lo merecen  y que son dignos de eso, sin más. Estaban dispuestas a dejar de lado lo que pensaban debían ser, para ser quienes son: humanos imperfectos, dignos de realizar sus vidas. Así, facilitaban su relación con los demás, sintiéndose íntimamente unidos a través de la imperfección que nos es común. Ya que como resultado de esta autenticidad, de este atreverse a mostrarse tal cual eran, salía una fuerte conexión con los demás. Se sabían vulnerables e imperfectos. Y en lugar de pensar que esto era algo insoportable y vergonzante,  pensaban que era justamente lo que los hacía ser hermosos y humanos. Era algo necesario por el mero hecho de vivir.
El estudio recogió otros ingredientes diferenciadores de uno y otro tipo de personas:
Coraje fue otro de los ingredientes. Estas personas tenían la valentía de mostrarse, de contar sus historias personales, de reconocer abiertamente quienes eran, no desde la mente si no desde el corazón. Es decir, todas estas personas, tenían coraje de ser imperfectos y mostrarse así, sin trampas.
Eran a su vez, personas compasivas. En primer lugar consigo mismas, siendo amables con sus imperfecciones, aceptándolas. Y luego con los demás. Ya que si no puedes practicar la amabilidad y la compasión contigo mismo, no puedes ser así con los demás.
Así, aceptando esta vulnerabilidad y esta imperfección,  no vivían luchando contra ella o queriendo eludirla, si no que se permitían sentirla. La conciencia de esta vulnerabilidad resultó ser otro ingrediente.
Normalmente tratamos de adormecer las sensaciones desagradables que nos supone la conciencia de nuestra imperfección, con mil y un artilugios. Y son tantas las situaciones donde nos sentimos imperfectos y vulnerables, con miedo a ser rechazados, con miedo a no ser suficientes, a que nadie nos quiera: cuando tengo que ir a buscar trabajo, cuando he de decirles a mis hijos que apaguen la televisión, cuando quiero entablar un poco de sexo con mi marido, cuando tengo que pedir ayuda a un familiar por que estoy en el paro o estoy enferma…Nos cuesta tanto sentir todas estas sensaciones desagradables y reconocerlas. Que las  adormecemos y evadimos: saliendo a comprar, comiendo por encima de nuestras necesidades, medicándonos, mirando la tele, drogándonos…
El problema es que no podemos adormecer selectivamente las emociones que nos hacen sentir mal, si no que cuando nos adormecemos, adormecemos también el resto de emociones, es decir, también la alegría, el cariño, el disfrute. Y entonces nos sentimos miserables y buscamos desesperadamente el sentido y propósito de nuestra vida, sintiéndonos de nuevo vulnerables e imperfectos  y así en un círculo vicioso.
Vivimos en un momento cultural en donde el mensaje que nos llega de afuera es un mensaje catastrofista de escasez, de que todo anda mal. Eso nos salpica y también nosotros nos sentimos insuficientemente buenos, seguros, certeros, perfectos, insuficientemente extraordinarios como para ser dignos de estar bien. Lo que tenemos que hacer es bien al contrario.
Asumir, aceptar, transitar nuestra vulnerabilidad e imperfección sintiéndolas y mostrándonos así con ellas. Abrirnos así evita que nos bloqueemos. Cuando nos guardamos demasiadas cosas en nuestro interior,  quedamos llenos de nudos y es difícil crecer plenamente y sentirnos fuertes en nuestro interior.
Darnos cuenta de que no hemos nacido odiándonos por lo que somos; de que no hemos nacido para guardar secretos eternamente, avergonzándonos de que los demás los sepan. Los demás están en lo mismo que nosotros, no somos tan diferentes. Dándonos cuenta de que somos dignos de la vida con todo lo que nos puede ofrecer, lo difícil y lo estupendo.

Publicado en el Última Hora, el 20 de Abril del 2013

12 abr 2013

LA VÍA DEL AUTOCONOCIMIENTO


Ya decía Sócrates que un primer requisito para caminar una vida en plenitud, es el de la  máxima, “conócete a ti mismo”. Conocernos a nosotros mismos, no sólo nos ayuda a estar bien, si no que es la única manera de ser verdaderamente libres y de poder estar bien con los demás. El desconocimiento y la inconsciencia, están muy unidas al mal: la mayoría de las veces hacemos daño por que somos ignorantes, por que no sabemos de la trascendencia de nuestras acciones.
El autoconocimiento es ese conocerse a uno mismo. Conocer lo que mostramos al mundo y lo que realmente somos. Es el asunto de tener claras las cosas que siento, pienso y hago, las cosas que me gustan y las que no; cómo estoy en el mundo – cual es mi posición con mis amigos, mis padres, mi comunidad; también es tener claro que está pasándome, qué me hace hacer lo que hago; hacia donde quiero ir, lo que quiero hacer con mi vida. Es conocer mis personajes, mi ego, y darme cuenta que soy mucho más que todo eso.
El autoconocimiento convierte cualquier cosa, sea obstáculo o no, en una herramienta para crecer. Normalmente abordamos nuestras dificultades desde nuestro ego, esos personajes con los que solemos presentarnos al mundo y con los que también interpretamos lo que podemos esperar de él. Sin embargo nuestro ego es limitante, es de mente pequeña, una mente inocente que está muy teñida por los problemas del mundo, por los problemas que tuvimos en nuestra infancia. Nos tiene esclavos de falsas creencias e ideas limitadoras, con su rigidez característica.
El ego nos lleva a vivir en un permanente estado de necesidad. Nunca llegamos a satisfacerlo del todo, siempre quiere más. Desde el ego pretendemos que la realidad se adapte siempre a nuestros deseos, necesidades y expectativas egoístas, lo que nos lleva a vivir una vida marcada por el sinsentido, el malestar y la necesidad constante de evasión y narcotización de nosotros mismos.
Practicando el autoconocimiento, podemos conocer nuestro ego e intuir nuestro verdadero yo, nuestra verdadera esencia, que está conectada con la sabiduría, la consciencia, el bienestar, la aceptación, el amor y la creatividad. Cualquier persona que no esté en contacto, aunque sea un poquito, con su esencia, está en vías de deshumanizarse, pues poco a poco va olvidando y marginando sus verdaderos valores, lo que de verdad pulsa en su interior. Desconectándose de sí misma, con la consiguiente repercusión en su forma negativa de experimentar la vida.
Desarrollar nuestra conciencia, nos permite liberarnos de las falsas creencias e ideas limitadoras acumuladas por el ego y que tanto condicionan nuestra existencia. En realidad, todos tenemos nuestro propio brillo interior, aunque a veces lo tengamos muy escondido a nuestra propia mirada.  Hemos de dedicarle un tiempo a observar, a contemplar desde el silencio interior para saber que esto es así. Todos tenemos una tendencia innata a dar lo mejor de nosotros mismos, la capacidad de comprendernos y de encontrar el equilibrio.  Si todo ello no es interrumpido por una sociedad inminentemente egoíca como la nuestra, competitiva, avariciosa y enferma, que nos impulsa a esclavizarnos y a sentirnos separados y en lucha con la vida. Hemos de hacernos cargo de ese condicionamiento para guardar una prudente distancia de seguridad.
Por eso es positivo practicar el autoconocimiento. Para cuestionar nuestro condicionamiento y recuperar el contacto con nuestra verdadera esencia. Y desde ahí, sabernos creadores de nuestra vida, abriéndonos al misterio de lo desconocido, aprendiendo a trascender nuestro egoísmo y egocentrismo para ver a los demás y al medio ambiente que nos rodea como parte de nosotros mismos. Sin  fragmentación, sin separación, sintiéndonos uno, sabiéndonos todo.

Publicado en el Última Hora, el 6 de Abril del 2013

22 mar 2013

HONRAR AL CUERPO


En nuestra sociedad, en donde concedemos un gran valor al conocimiento, la información, las productividad y el control, es muy fácil perder el contacto con el cuerpo, dejar de estar plenamente presentes y olvidarnos de la magia que hay en el vivir.
El cuerpo constituye nuestro yo físico y, por eso, no hemos de perder de vista su realidad y también cual es nuestra actitud actual hacia este importante aspecto de nuestro ser. Al fin y al cabo, es nuestro vehículo en la tierra, es con el que hacemos, sentimos y pensamos. Es la casa de nuestro yo espiritual, nuestro ser, alma, espíritu, conciencia, como cada cual le quiera llamar.
Es importante y valioso, dedicarle al cuerpo algún tiempo, de vez en cuando, y analizar su condición. Nuestro cuerpo es el canal a través del cual percibimos tanto lo que ocurre en nuestro interior como en el exterior. Afecta directamente a nuestros sentimientos, pensamientos y acciones.
Si le prestamos atención, nuestro cuerpo encierra mucha sabiduría. Sabe de lo que necesita, de lo que le hace bien y lo que le hace mal. Muchas veces, no queremos escucharlo, pero él sabe.
Una manera de prestar más atención al cuerpo, de escucharlo, es proporcionándonos momentos de relajación, creándolos a propósito. Sin esperar a que vengan solos, ya que si así fuera, ya nos encargaríamos de tensarnos, pre-ocupándonos, seguramente.
La relajación representa un importante aspecto de la vida, nos ofrece la oportunidad de estar presentes, sintiendo la vida, oliéndola, escuchándola, contemplándola, degustándola. Nos conecta con nuestra experiencia, tal y como se manifiesta, con lo que somos. Es una vía de conexión directa con el cuerpo y con su movimiento autorregulado, que nos permite recuperar  la energía vital y la alegría. No importa las circunstancias que nos estén tocando vivir. Creando momentos de relajación e incorporándolos a nuestra cotidianidad, facilitamos que el estado físico-emocional que nos proporciona, se expanda a otros momentos de nuestras vidas, poquito a poquito.
Un buen estado de relajación nos permite liberar tensiones acumuladas en el cuerpo, dando paso a más fluidez. Nos  permite desapegarnos de los acontecimientos cotidianos, permitiéndonos tomar cierta distancia, al menos durante un ratito. Nos conecta con nuestras sensaciones, aumentando nuestra conciencia del cuerpo. Nos conduce a desconectar de la pre- ocupación constante, anclando nuestra atención en el momento presente. Para practicarla,  es necesario que nos dediquemos un tiempo especial en el día, un espacio para cuidar de nosotr@s mism@s, en donde dejemos las preocupaciones de lado y nos podamos concentrar en respirar, relajar el cuerpo, disfrutar de las sensaciones  que la relajación nos evoca y descubrirnos siendo nosotros mismos en el momento presente.
La respiración es muy importante para una buena relajación y un buen estado físico y emocional. Dedícate un tiempo a observarla, conocerla y permite que a ratos, se haga más amplia y profunda para oxigenarte y relajarte bien.
Integrar estados de relajación en nuestro día a día, además de estimular  nuestro descanso, y ayudarnos a desarrollar una mayor resistencia  a factores estresantes externos, es una manera de honrar nuestro cuerpo, cuidando y atendiendo sus necesidades. Y sobre todo, sobre todo, un puente que nos lleva a conectar con el gozo de vivir.

Publicado en el Última Hora, el 23 de Marzo del 2013

10 mar 2013

OTRA MIRADA AL SISTEMA EDUCATIVO

Me encanta el humor y la claridad con la que Ken Robinson habla de educación, creatividad e innovación. Vale la pena escucharle y tener en cuenta sus reflexiones. Aquí os dejo ésta sobre el cambio del paradigma educativo.


LA EDUCACIÓN PROHIBIDA (I)


Estos días, la APIMA del Instituto Mº Angels Cardona de Ciutadella, organiza un debate abierto, en torno a las ideas y cuestiones que plantea la película “La Educación Prohibida”, película documental que se propone cuestionar las lógicas de la escolarización moderna y la forma de entender la educación, planteando la necesidad de un nuevo paradigma educativo. Verdaderamente el debate es un instrumento muy útil para movilizar a las personas a cuestionar, manifestar e intercambiar opiniones y así sucedió conmigo, que desde anoche le doy vueltas a las siguientes reflexiones:

El por qué de un nuevo paradigma, tiene que ver con una visión crítica y constructiva, no sólo en torno a la educación, si no también en torno al tipo de sociedad que hemos creado y en la que vivimos hoy día. No se trata de criticar y culpar el pasado, si no de reconocer los logros a los que nos ha conducido y también, las lagunas que no alcanzó a resolver o  lo que no nos sirve ahora.

Dado que la educación y los años de escuela tienen un papel fundamental en el desarrollo de las personas y en la construcción de nuestros sistemas sociales, a la hora de plantearnos un cambio en nuestro hacer social, hemos de poner la atención en la educación y también en la escuela, ya que es una de las mayores fuentes de transmisión de la cultura.

Que el cambio social es difícil, lo es o no lo es, según como cada cual lo interprete, en cualquier caso, el cambio sucede siempre, lo queramos o no, es parte de la vida, es la vida misma. Así que más vale ir imaginándonos hacia donde nos gustaría cambiar como sociedad e ir sembrando semillitas, por pequeñas que parezcan; si no, otros soñarán por nosotros, sembrando quizás lucha de poder, violencia y guerra.

Las palabras, educar, vivir, amor, felicidad, etc. no tienen significados únicos y estancos; si no que están teñidos por la psicología de los tiempos y por los valores que las personas impregnamos en tales palabras. Así que, es normal y bueno que nos cuestionemos hoy, ahora, nuestro ideario sobre la educación. Preguntarnos nos ayuda a saber donde estamos y donde queremos ir. Así que:

- ¿A qué nos referimos hoy, cuando hablamos de educar? ¿Qué es educar para nosotros? ¿Educar es dirigir, encaminar, doctrinar. O es guiar y dar al que aprende los medios de abrirse al mundo para sacar lo mejor de sí mismo y saberse creador de su propia vida?

-¿Qué pretendemos conseguir cuando nos proponemos educar? ¿Queremos perpetuar nuestros mismos hábitos y maneras? Ya que educando, transmitimos nuestros valores y también nuestras calamidades. O, ¿queremos revisar nuestros hábitos y  maneras y aprender, si es necesario a hacerlo mejor? Ya que educando, estamos todos educando y nos estamos educando siempre.

- ¿Cómo educamos? ¿Facilitamos que los niños se adapten a la sociedad, ¡que mira que va a ser dura! les decimos, con sus exigencias, su competitividad, su insatisfacción encubierta? O, ¿facilitamos que críticamente analicen lo que les gusta, lo que no les gusta y trabajen día a día para la mejora de nuestra sociedad, con la confianza en el potencial humano de transformación y cambio?

Esta claro que estas preguntas no tienen una única respuesta, que preguntarse activa la imaginación y la creatividad y que debatir es como un catalizador para los que reflexionamos sobre la escuela y el educar.

Como veis, en mí se abrió un gran debate. Ojalá pase lo mismo con vosotros al compartir mis pensamientos. Agradezco a la Educación Prohibida, a las múltiples experiencias escolares que se atreven a crear propuestas diferentes, a iniciativas cómo el debate de la APIMA del Mº Angels Cardona por su atrevimiento ya que sus gestos nos movilizan a mirar más amplio, a echar a volar nuestra imaginación y a creer que otro mundo es posible, haciendo camino, pasito a pasito.

Publicado en el Última Hora de Menorca, el 9 de febrero del 2013

25 feb 2013

LA METÁFORA DE LA ENERGÍA


Detrás de toda dificultad que experimentamos, de todo problema que nos pueda surgir, muchas veces tenemos unas ideas limitantes que nos hacen situarnos en una posición sin poder, haciéndonos pensar que no servimos para nada, que no tenemos nada que hacer, que el problema es más grande que nosotros mismos, sintiéndonos víctimas de la situación. Desde ahí, desde el victimismo es difícil sentirnos dignos de resolver nuestro problema, nos quedamos en el “no puedo”, en la culpabilización y en la queja.

Un problema recurrente hoy, para muchas personas es la falta de dinero y trabajo. En ocasiones la situación nos puede llevar a sentirnos indefensos y desesperanzados. En otras ocasiones, confusos, desanimados, irritados,  como si no hubiera nada que pudiéramos hacer. Rindiéndonos a la adversidad o negándonos a ella. Es verdad que vivimos en un momento crítico, de cambio fuerte en donde de repente, el dinero se mueve por diferentes  canales a los acostumbrados. Sin embargo, muchas veces nuestras creencias fijas y limitantes en torno al dinero, el trabajo y la riqueza, aquellas que condicionan nuestras maneras de estar y actuar, nos impiden creer que otra realidad es posible, que otra manera de hacer las cosas , no sólo es posible si no, necesaria.

Otra manera de abordar nuestra falta de trabajo o dinero, es como un problema a resolver o una dificultad a superar. Al fin y al cabo, el trabajo es algo que puedo aportar yo a mi comunidad y a mis congéneres, resolviendo el problema de otra persona o ayudándola a superar alguna dificultad. Otros aportaran por mí, haciendo sus trabajos. El dinero es un medio de intercambio de los problemas resueltos, no el único. Intercambiamos también afecto, atención, agradecimiento y cuidados. La riqueza es la sensación de bienestar que obtengo cuando llego a la solución del problema. Todo ello es parte de la energía que intercambiamos con el universo.

Nos guste o no, los problemas son naturales, forman también parte del proceso de vivir. Tenemos un problema cuando deseamos ser o tener alguna cosa o, estar de alguna manera que ahora no es. Queremos tener más trabajo para ser más ricos y sentirnos con más bienestar, por ejemplo. Cuando tenemos una necesidad insatisfecha, hay algo natural que nos moviliza a la acción.  Es por eso que los problemas no han de ser un impedimento, simplemente exigen un movimiento, un crecimiento de las personas. Son en realidad, una oportunidad para revisar nuestros hábitos, nuestras creencias limitadoras, actitudes negativas y pensamientos que ya no nos sirven y así, crecer. A pesar de la dificultad, podemos siempre encontrarnos con nuestros talentos y habilidades y transformarnos en algo mejor, en alguien que ayude un poquito más a la gente a resolver sus problemas. Siempre hay cosas que podemos hacer para hacerle la vida más fácil y amable a alguien.
Así que para trabajar, hoy más que nunca, más que ofuscarnos en sólo buscar dinero, clientes, oportunidades e ideas milagrosas, tenemos que preguntarnos qué problema podemos solucionar, qué cosas hay por hacer. Encontrar necesidades,  en dónde la gente se encuentra con dificultades y problemas a resolver y aportar lo que sabemos hacer. Seguir siendo útiles a nosotros mismos y a los demás. Seguir intercambiando energía.
No tenemos que quedarnos sólo, con la frustración por el dinero o trabajo que no tenemos. Aunque no los tengamos y los estemos necesitando, no nos podemos dejar paralizar por esa situación. Hemos de seguir pensando en eso que nos gusta y que queremos hacer para los demás: cocinar, cuidar, plantar, sanar, cantar, tratar con gente, pintar, lo que sea. Y encontrar la manera de disfrutar haciéndolo, haciéndolo bien. No hemos de desesperar porque la solución no sea inmediata y sí deleitarnos con las señales de que algo bueno estamos aportando. Seguir perseverando y mantener una actitud de ilusión y cuidado para conseguir nuestra meta. La diferencia entre un sueño y una meta satisfecha, es un proyecto. Así que hay que soñar y proyectar.  En el recorrido, pasaremos por altibajos, momentos de fluidez y otros, de dificultad. Sin perder el prisma de que el valor está en nosotros, capaces siempre de construir futuro, intercambiando con los demás, haciendo fluir la energía. 

Publicado en el Última Hora de Menorca el 22 de febrero del 2013

9 feb 2013

AÑOS DE INFANCIA, CARÁCTER Y SONRISA

Nuestra personalidad, esa instancia desde la que nos presentamos al mundo y bajo la cual interpretamos lo que el mundo nos va a ofrecer, es una combinación de nuestro temperamento y nuestro carácter. Se va modulando con la vida, habiendo configurado sus bases  en los años de la infancia. No es todo lo que somos, no es todo nuestro ser, es nuestro vehículo en el mundo terrenal, la máscara con la que nos mostramos y el filtro con el que entendemos la vida.
Al nacer, es cierto que venimos ya con una impronta, una tendencia energética, una manera de ser a la que llamamos temperamento y que tiene un origen fisiológico e innato. Sin embargo, hoy sabemos que su estructuración depende tanto de la herencia genética como de la vivencia uterina del bebé durante toda su gestación. El estado de la madre durante el embarazo, si ha estado muy agitada o tranquila, lo que le pasó, todo ello troquela la urdimbre del nuevo ser. Es la primera huella con la que nacemos, como los cimientos de un edificio en construcción, casi imposibles de modificar, podemos si acaso más adelante, regularlo un poco con nuestro carácter que sí es más flexible. Por eso es tan importante la atención y el cuidado en esos primeros momentos de vida intrauterina, donde la semilla inicia su desarrollo.
Una vez la personita llega al mundo, la vida va volcando en ella un entramado de estímulos e información que va configurando su carácter,  la manera característica  con la que se comporta para conseguir  satisfacer sus necesidades. Sus bases se elaboran en los primeros años de infancia, en donde se configura su estructura y va incorporando matices a medida que el niño crece y la persona madura. Si seguimos con la analogía del edificio en construcción, en los primeros años es cuando se levantan los muros, suelos, aislamientos, canalizaciones, etc. Sobre la estructura base seguimos, con la vida, añadiendo puertas, ventanas, baldosas, quizás más adelante  reformemos nuestro edificio moviendo paredes, pero es claro que dependerán mucho de la estructura base, la solidez y calidad de nuestro edificio en construcción. Por eso le damos tanta importancia a los primeros años de vida, a lo que el niño recibe del entorno, haciéndonos eco de que el niño está desarrollando su forma de ser, su proceso de vivir, de enfrentar sus circunstancias y sobrevivir, que lo acompañarán a medida que crece, aunque vaya incorporando, desechando o transformando aspectos de sí mismo que  modelarán su carácter, haciéndole tender hacia la salud o la enfermedad, hacia la cordura o la locura. 
 Al nacer y en cada momento de la vida, de manera innata, organísmica, nos relacionamos con el entorno para desarrollar nuestras potencialidades y conseguir satisfacer nuestras necesidades de supervivencia, bienestar, identidad y libertad. Somos seres autorregulados. En cada una de las distintas fases madurativas, se activan en nosotros unas potencialidades que siguen un ritmo natural, marcado por el desarrollo físico y que se actualizan si el entorno nos lo permite. Según como sean transitadas estas etapas, iremos incorporando unas u otras características que definirán nuestro carácter. Cuando niños nos es necesario construir fuerte nuestro carácter ya que es la mejor manera que tenemos de satisfacer nuestras necesidades. Con la edad es bueno hacerlo flexible ya que las circunstancias y las necesidades cambian, ir más allá de él, conocerlo y cuestionarlo.
Así, nuestra personalidad, los trazos, maneras, y patrones de comportamiento, pensamiento y emoción que nos caracterizan a cada cual, está íntimamente marcada por nuestra historia de vida y se mantiene en continuo desarrollo hasta la muerte.
Por eso es valioso que un niño encuentre un entorno estable al nacer,  unos padres que lo esperan con expectación  y le sonríen al verlo crecer, con una comunidad que los acompaña y apoya, por que todo ello marcará su carácter, la personalidad con la que vivirá su vida y proyectará en el mundo. Por eso es valioso que el niño perciba la vida  de manera serena y relajada, permitiéndole explorar sus recursos con confianza y tranquilidad, ofreciéndole afecto y sentido de pertenencia para así poder encontrar su propio brillo y sentirse creador de su vida, responsable y libre al mismo tiempo.
Ya que estos primeros pasos en la construcción del carácter dependen íntimamente de la calidad de la mirada que recibe el niño al crecer, de cómo se relacionan con él las primeras figuras de referencia y éstas con el entorno, es por todo ello muy importante una actuación consciente en nuestro hacer adulto  a la hora de criar, educar y relacionarnos con nuestros niños. Hacernos conocedores de nuestro propio carácter nos ayudará en esta tarea, ya que es a través de él que nos relacionamos con ellos. Si estamos siendo poco afectivos, gruñones o ansiosos, que son nuestras marcas, lo estamos poniendo en nuestro trato con los niños. Si estamos siendo cariñosos, comprensivos y confiados, igualmente lo estamos poniendo en nuestra relación con ellos, marcando también su carácter. ¡Qué mejor que una huella amable, una buena inspiración, en la construcción del carácter de un niño! Tan fácil como comenzar simplemente  sonriéndoles un poquito más.
Publicado en el Última Hora de Menorca, el 8 de febrero del 2013